Los merengues de mi papá, las galletas de mi mamá y 23 años sosteniendo el oficio.
Mi papá hacía merengues y mi mamá hacía galletas. De unir esos dos oficios nació el Cotudo: una masa de pan horneada y decorada con el merengue de mi papá. En ese tiempo el cotudo se hacía solo con agua y azúcar, y quedaba con una capa vidriosa; otros lo cubrían con melado y azúcar pulverizada y salía muy blanco, muy dulce y con olor a huevo. A mi papá no le gustaba, así que buscó otra manera de hacerlo. La forma redonda viene de la misma palabra «cotudo».
Mi mamá amasaba y mi papá salía a vender en sitios turísticos, junto con las alchiras. Yo los acompañé desde niño, aprendiendo el oficio.
En la crisis de comienzos de los noventa nos sostuvimos vendiendo de tienda en tienda por Bogotá. Éramos siete hermanos y dos adultos, y no alcanzaba: mi abuela se retiró del negocio y, más adelante, mi mamá montó un restaurante. Mi papá siguió con los cotudos.
Todos los hijos trabajábamos en la panadería. Mis hermanas empacaban y molían galletas con mi mamá —mi hermana menor perdió una falange de un dedo moliendo—. Con el tiempo ellas se fueron a estudiar y los hombres nos quedamos en el oficio.
Cuando mi mamá se cansó y mi papá falleció, me quedé con este arte. Me independicé y trabajé cinco años en una panadería. Ahí combiné los dos mundos —panadería, galletería y cotudos— en una sola propuesta artesanal, y fui armando mi propia galletería.
Con el tiempo empecé a explorar nuevas versiones del Cotudo: de café, de leche, de coco, y el tradicional en distintas presentaciones.
En 2007 cerraron Monserrate, nuestro principal punto de venta. Estuve al borde de la quiebra. Fueron cuatro años muy duros, económica y emocionalmente, en los que tuve que volver a emplearme para no dejar caer el negocio.
La pandemia trajo muchas pérdidas. Nos recuperamos abriendo un local con panadería y nuestros productos, para tener una fuente de ingreso fija. Durante un tiempo nos sostuvimos únicamente con ese punto de venta.
Con la reactivación del turismo el negocio volvió a tomar impulso y hemos ido mejorando año tras año. Hoy somos dos en la familia que vivimos formalmente de los cotudos, con la misma receta que unió los merengues de mi papá y las galletas de mi mamá.
“El Cotudo nació de unir dos oficios: los merengues de mi papá y las galletas de mi mamá. Esa misma receta es la que sigue saliendo de nuestro horno.”
Alfonso Yesid Lemus Abril — Galletería La MilagrosaDescubre los productos que nacieron de esta historia familiar.